Propósitos de año nuevo: Emprender o no emprender.

By 30 diciembre, 2020 Blog

Emprender en 2021

Por fin termina este annus horribilis que a todos nos ha pillado por sorpresa.

Y aunque aún estamos inmersos en esta dura pandemia que todo ha trastocado, empezamos el año con esperanza y vislumbrando el final del largo túnel. Es momento de propósitos, de empezar proyectos. Es momento de marcarnos nuevas metas que nos den impulso y motivación en el nuevo ciclo que empieza justo después de sonar las doce campanadas y casi atragantarnos con las tradicionales uvas.

Y ahí empieza el dilema, emprender o no emprender, esa es la cuestión.

Hay proyectos cuya consecución es el resultado natural de una evolución. Un paso más en un camino ya emprendido, el siguiente escalón resultado de la inercia de un movimiento anterior. Sin duda son los más fáciles de decidir y de llevar a término, sin que ello reste dificultad, implícita en cualquier nueva iniciativa.

Y están esos proyectos que suponen una ruptura, un punto de inflexión en nuestra vida profesional y por ende personal. Salirse del camino y explorar nuevas sendas nunca resulta fácil. Son momentos de gran incertidumbre y en la mayoría de los casos de alto riesgo. Muchas veces no sólo has de luchar contra tus propios miedos, también contra los de tu entorno y su incomprensión ante una decisión que rompe sus esquemas.

Un proyecto, llamémoslo rupturista, implica la mayoría de las veces explorar nuevos territorios que aunque nos resulten familiares por haberlos observado en la distancia, son novedosos y se escapan a nuestra experiencia anterior. Esa es la mayor dificultad, la primera a la que nos vamos a enfrentar. Contactar con personas que ya tengan proyectos similares nos puede ayudar, aprender de su experiencia e intentar no reproducir sus errores, anticipándonos a los problemas para que no nos cojan desprevenidos.

Por ello no hay que precipitarse.

Hay que tomarse un tiempo para recabar la máxima información posible y preparar bien nuestro proyecto. Los imprevistos son inevitables, los errores también. De lo que se trata es de que sean los mínimos posibles y de disponer de información que nos pueda ayudar a resolverlos. Pero también hemos de aceptar que como en todo proceso iniciático, iremos aprendiendo sobre la marcha.

La tecnología, nuestra aliada.

Una ventaja con la que contamos al emprender nuestro proyecto es sin duda la digitalización. Hoy disponemos de herramientas digitales que nos facilitan el trabajo y disminuyen nuestros costes. Desde la posibilidad de comercializar productos a través de plataformas digitales, hasta facilitar la comunicación con nuestros clientes actuales y futuros, pasando por el teletrabajo. Estamos inmersos en un proceso de cambio que conlleva algunos peligros, pero grandes ventajas. Aprovechemos esas herramientas. No transitemos caminos que se adivinan caducos. No tengamos miedo a lo digital. Asesorémonos, en la mayoría de los casos el coste es menor y nos puede ayudar a arrancar nuestra iniciativa.

Nuevos modelos de servicios.

Nuevos modelos de servicios también pueden sernos de gran ayuda y nos puede permitir controlar nuestra inversión inicial. Las empresas de reparto a domicilio o delivery pueden ayudarnos a comercializar nuestros productos. Iniciativas como Correos Market que aúnan el e-commerce con la distribución pueden ser muy interesantes.

O las posibilidades que ofrece la cada vez más prolífica economía de acceso. La cual nos permite disponer de instalaciones por fracciones de tiempo y adaptar nuestros gastos a nuestros ingresos en función de la demanda. Los coworking ya son sobradamente conocidos. Las cocinas ciegas o ghost kitchen empiezan a despuntar, pero en el futuro reciente veremos surgir y proliferar iniciativas similares en otros ámbitos que extenderán estos servicios a nuevos sectores.

En definitiva…

Aunque a priori pueda parecer que no es el mejor momento para lanzarnos a un nuevo proyecto hay que atisbar las oportunidades que se nos presentan y las opciones que tenemos. Usar todas las herramientas disponibles a nuestro alcance, asesorarnos y conectar con experiencias similares. No tener miedo, pero ser conscientes de los riesgos y tener los pies en la tierra pero la cabeza en las nubes, sabedores de las dificultades y del esfuerzo que nos espera e intentar que el factor suerte, imprescindible en todo emprendimiento, suponga el menor peso posible en nuestra ecuación.

JMBM